sábado, 5 de octubre de 2019

27/28-09-2019 Travessa Carros de Foc-non stop

El verano pasado mi amigo Antonio me propuso hacer la Travessa Carros de Foc en menos de veinticuatro horas. No era este un proyecto que me llamara especialmente la atención. Creo que esta travesía se puede disfrutar mucho más haciendola en varios días para disfrutar más de los paisajes y de la estancia en los refugio. Además, el tipo de terreno, a mi personalmente se me hace muy difícil de gestionar debido a la cantidad de pedreras a atravesar y bajadas con grandes pendientes. Es un terreno donde es difícil relajarse y en el que hay que mantener un alto nivel de concentración. El año pasado hicimos un intento saliendo a las 5 de la mañana del refugio de La Restanca y en el que al día siguiente, debido a mi mal estado físico y psicológico, decidimos abandonar en Colomers, cuando solo nos quedaba un tramo para completar la ruta. Esto nos dejó un mal sabor de boca y nos conjuramos para, al año siguiente, volver a intentarlo. El objetivo final sería hacerla de una tirada, sin ponernos la barrera de las veinticuatro horas.

Foto del año anterior. Subida Llong-Dellui

La idea era salir de nuevo desde La Restanca pero a primera hora de la tarde, con el objetivo de afrontar la noche en mejores condiciones y descansar la siguiente en el refugio. Teníamos previsto hacerla en Agosto, pero durante el fin de semana que habíamos reservado, el mal tiempo hizo acto de presencia y tuvimos que cancelar la salida. Asi que la pospusimos para final de Septiembre ya que era la única fecha en la que podíamos coincidir ambos. Lo peor es que ya por esas fechas las noches son sensiblemente más largas, aunque todavía es buena época para hacer la travesía ya que suele acompañar el clima y la ausencia de nieve.

Foto del año anterior. Coll de Saburó.
Así que el viernes 27 de Septiembre Antonio pasaba a recogerme por casa a las 8 de la mañana y salíamos en dirección a la Val d´Aran. Pasadas las 12 del mediodía nos encontrábamos en el parquing  de Pont de Ressec donde dejamos el coche. Antes de llegar aquí nos encontramos que la pista estaba cortada por obras y la abrían a la 1 del mediodía. Paramos en ese punto y en ese momento un coche que subía hizo caso omiso de las indicaciones y, esquivando los conos sin frenar, continuó pista arriba. Nosotros hicimos lo mismo. A mitad de este tramo un operario de las obras nos paró y nos informó de la situación, pero nos dejó seguir ya que al parecer, en ese momento no había ningún problema. En el parquing nos comimos la ensalada de pasta que llevábamos de casa, preparamos las mochilas y tiramos para arriba. Al principio por la misma pista durante 2,5 kms. Llegados al Pontet de Rius ya cogemos el sendero que sube al refugio. Tardamos en total una hora y cuarto con unos 500 m de desnivel. Este tramo, evidentemente no cuenta para la travesía, pero sí que lo hace para nuestras piernas.

Llegando a La Restanca.
Llegamos  a La Restanca (2010 m) y hablamos con uno de los guardas del refugio. Le explicamos que tenemos reserva para la noche siguiente y le pedimos si podemos dejar algunas pertenencias allí, para no cargar con ellas, como ropa limpia, la sábana saco y productos de higiene personal. Este nos autoriza y ya, sin más preámbulos, empezamos a andar a las 14:15 h.

La primera subida la hacemos sin problema. Son dos tramos de fuerte desnivel con un descanso intermedio en el Estany de Cap de Pòrt (2258 m)., un lugar idílico, con unas grandes vistas. Seguimos subiendo y alcanzamos el Port de Rius (2475 m). Desde aquí, continuamos entre lagos y por un camino agradable hasta nuestra primera parada, en el Refugio Ventosa i Calvell (2215 m).  No sé bien a que hora llegamos ya que no apunté los horarios y hablo de memoria, pero entre la parada para comer y descansar un poco puede que nos dieran las cinco de la tarde o un poco más.

Estany de Cap de Pòrt
Ahora nos toca afrontar la subida al Collet de Contraix (2749 m), quizás uno de los tramos más complicados de la travesía y el punto de mayor altitud de ésta. Bajamos un poco y atravesamos el Estany Gran de Colieto para encarar la subida, toda por una pedrera de grandes bloques, hasta alcanzar el coll. Llegamos arriba sobre las siete de la tarde y ahora hay que bajar todo lo subido por una bajada complicada hasta el Refugio Estany Llong (1987 m). La subida se nos ha hecho dura y se nos ha atravesado un poco, pero yo temo más a la bajada. No paramos nada, para intentar que la noche nos alcance lo más abajo posible. Esta lo hace cuando ya hemos descendido los peores tramos. Paramos entonces a ponernos los frontales.

Collet de Contraix
Este momento siempre es complicado. La noche invita al recogimiento y cuando desaparece la luz y bajan las temperaturas, una avalancha de pensamientos negativos nos invade. Nos entran dudas, miedos y una gran sensación de desasosiego. Como ya tenemos experiencia nos animamos mutuamente. Sabemos que en cuanto llevemos un rato andando en la oscuridad estos pensamientos se desvanecerán, como así ocurrió. Pasadas las nueve de la noche, quizás a las nueve y media, llegamos al refugio.

Bajando a Estany Llong.
Entramos en éste y creo que para las personas que estaban allí, cónfortablemente instaladas y ya cenadas, nuestra aparición fue como la dos extraterrestres. Yo me dirijo al pequeño mostrador y pido dos Coca-Colas. El guarda del refugio se me queda mirando y me pregunta si estamos en el refugio. Yo le digo que no, que estamos de paso y que seguiremos andando toda la noche. -Las personas que hacéis estas cosas os gusta sufrir ¿no?- me comenta. Yo no sé que responder. Creo que no me gusta sufrir pero también sé que este tipo de "sufrimiento" tiene recompensa. No le hago mucho caso. -Vais a tener una noche estupenda- fue su otro comentario. Y tenía mucha razón. Mientras cenamos tres excursionistas nos hacen muchas preguntas. Les cuesta entender nuestro plan, aunque sus comentarios denotan admiración. Después de comer y tomar un gel con cafeína nos despedimos. Nos espera por delante una larga noche.

Nos ponemos nuestros frontales y emprendemos el camino. Nos sentimos contentos y animados. Tenemos que afrontar una ascensión de unos 600 m de desnivel hasta la Colladeta de Dellui (2577 m). Para mí, a pesar de ser todo el camino una larga subida, es uno de los tramos más agradables de toda la travesía. Principalmente, a parte de la vistas a nuestras espaldas a medida que se sube pero que evidentemente en esta ocasión no disfutaremos, por el hecho de que es un camino bien trazado y con pocos tramos de piedras. Vamos subiendo sin referencias. Sabemos que a nuestra derecha dejamos un par de pequeños lagos pero no los vemos. No vemos nada. Navegamos en un mar de oscuridad ya que hay luna nueva. Nuestro mundo físico se reduce al campo de visión que nos proporcionan nuestros frontales. No hay nada a nuestra derecha ni a nuestra izquierda. Lo que se intuye abajo es un abismo y hacia arriba se funde la tierra y el cielo sin ninguna línea que los diferencie. En el camino, y en un margen de pocos minutos, nos encontramos con tres sapos muy grandes que intentan pasar inadvertidos ante esos seres gigantes, que somos nosotros, y que llevan luz en sus cabezas. Mientras bebemos agua, Antonio me pide que apague el frontal. Miramos al Cielo y el espectáculo es fantástico. Las estrellas brillan con todo su esplendor, el silencio es absoluto, casi no hace frío. Cogemos conciencia del gran momento que estamos viviendo, somos muy afortunados y unos privilegiados. Esta acción de apagar el fontal la repetiremos varias veces más a lo largo de la noche y en cada ocasión nuestros cuerpos y almas se llenan de energía. Dos seres insignificantes en las alturas de los Pirineos y durante la noche, se encuentran en perfecta comunión con el Universo, que ante nuestros ojos se muestra tan cercano.



Al llegar a casa estuve pensando en como transmitir esta sensación en esta crónica. Dos días despúes recibí la revista VERTEX de la Federació Catalana (FEEC) que se edita bimensualmente. En esta hay un artículo de opinión de Eliseu T. Climent de título "Nit", en el que se refleja mucho mejor que con mis palabras lo que supone este tipo de experiencia. Así que voy a transcribir un párrafo de dicho artículo.

"És durant la nit quan, almenys en el meu cas, estampe en la foscor els projectes esportius més engrescadors i problablement més esbojarrats, perquè deu ser el moment en qué la sensació física de l´esforç i del patiment s´esvaeix. En aquest paradís d´idees, res és imposible. I ja en acció, quan penetre en la dimensió nocturna, se´m desplega un terreny de joc de qualitats màgiques on es produeixen alhora, per mitja d´una simbiosi extranya, recolliment i esforç. Avançar en mig de la nit dilueix les referències de temps i espai; progressar enmig del no-res, nàufrag en una foscor només sincopada pel feix de llum del frontal, em constreny a una realitat limitada per l´abast del meu focus. Aquest moment dolç, que aïlla i invita al silenci i a la reflexió, sintonitza amb l´ambient que l´envolta. No obstant això, per a molts la nit inquieta perquè manifesta una realitat en estat latent, camuflada rera l´obscuritat."

Finaliza con una frase del escritor japonés Junichiro Tanizaki de su obra de 1933 Elogi de l´Ombra:

"Vull mirar de recuperar, si més no en l´àmbit de la literatura, aquest món d´ombres que estem perdent, (...)amagar en la foscor les coses que siguin massa evidents. Per veure l´efecte que fa, apagaré el llum".
-Aixó mateix, apaguem els frontals- sugiere l´Eliseu. Y nosotros también.



Poco antes de llegar a la Colledeta de Dellui paramos a comer unas barritas energéticas y a beber. Deducimos que estamos cerca del collado por el tiempo que llevamos andando y porque empezamos a notar un poco de viento en nuestras caras, no por ninguna referencia visual. Paramos aquí porque suponemos que arriba habrá corriente de aire y no será un buen  lugar para hacerlo. Mientras comemos las barritas volvemos a apagar los frontales. En cinco minutos estamos andando de nuevo. Hemos acertado, en poco tiempo estamos arriba y además hace aire, como no puede ser de otra manera. Sin parar, iniciamos la bajada y en dos minutos el viento ya no sopla. Realmente el tiempo nos está acompañando. Seguimos bajando y ya abajo, entre lagos con poco nivel de agua, nos vamos acercando al refugio de La Colomina. Pasamos una señal que indica que el refugio está a veinte minutos. Se nos hace largo este tramo pero finalmente llegamos a La Colomina (2420 m). Son las dos de la madrugada aproximadamente.

Accedemos al interior del refugio y nos sentamos en el banco en la entrada. Hablamos flojo para no despertar a la gente que a esa hora estará durmiendo plácidamente. Comemos y nos entra una risa floja, de esa tonta, al comentar los promedios a los que avanzamos. Nos parece increíble ir tan despacio, pero es así. En diez minutos salimos de nuevo al exterior, cargamos nuestros botes de agua y seguimos. Aún nos quedan cinco horas de oscuridad. Bordeamos los lagos de Colomina y de Mar y coronamos el Pas de l´Os (2542 m). Ahora hay que franquear l´estany de Saburó, por un mar de piedras. Le teníamos un poco de respeto a este tramo ya que de día, en otra ocasión, nos pareció un poco perdedor. El caso es que seguimos fielmente la señalización, quizás debido al hecho de ir más concentrados de noche que de día, y sin ningún problema alcanzamos el Coll de Saburó (2668 m). Un grupo de vacas estaban allí tranquilamente. Desde luego, están mucho más adaptadas al medio que nosotros. Ahora toca bajar por un camino que se nos hace un poco pesado, dejando a la derecha l´Estany Gelat o de Cap de Port. No lo vemos pero lo sabemos. Al llegar abajo, a la altura de l´Estany de La Llastra cogemos el desvío a la izquierda para subir al Coll de Monestero (2716 m).  Decidimos no bajar hasta el Refugio Josep María Blanc ya que no conocemos la ruta que sale desde allí y no nos apetece rehacer el camino otra vez hasta el punto en que nos encontramos. Ya lo habíamos hablado antes de salir. Es una pequeña trampa que hemos realizado. Nos habremos ahorrado una hora de camino y lo agradeceremos al final ya que aún nos quedan muchas horas por delante.


Iniciamos la subida. Antonio va delante, como todo el recorrido, y no hablamos. Estamos un poco agobiados pero el ánimo es bueno para continuar. A las cinco de la mañana coronamos el Coll de Monestero. Le teníamos algo de miedo a la bajada que hay que hacer desde aquí, ya que el primer tramo se hace por tierra resbaladiza en fuerte desnivel. Al igual que en anteriores puntos, nuestra concentración en el camino hace que pasemos ese tramo sin ninguna dificultad y sin ninguna caída. Seguimos bajando despacio y franqueando hacia la izquierda del valle. No acabamos nunca de bajar. La oscuridad hace que no tengamos referencias y parece que descendemos a un abismo sin fondo. Este tramo se nos hace muy largo  y por fín, ya bien situados en la parte baja del valle y por camino más cómodo, se nos hace de día. Podemos apagar los frontales. No paramos hasta el Refugio Ernest Mallafré (1885 m), al cual llegamos a las ocho de la mañana. Ha sido una larga pero estupenda noche.

Foto 2018. Llegando a Mallafré
Nos sentamos en las mesas de fuera. La gente ya está levantada y algunos nos preguntan qué es lo que estamos haciendo. Es evidente que venimos de marcha. No nos tomamos como ellos un café con leche sino unas Coca-Colas. Guardamos los frontales y sacamos la comida. Les explicamos de donde venimos y por donde hemos pasado la noche. Les parece increíble y manifiestan una cierta envidia cuando describimos el cielo nocturno. Una de esas personas nos muestra su admiración y, aunque entiende que estaremos muy cansados, nos transmite que seguramente las sensaciones de esa noche no las olvidaremos nunca. Posiblemente tenga razón. Le agradecemos sus comentarios y nos despedimos. Son las ocho y media de la mañana y nos quedan aún muchas horas de camino. El sueño comienza a hacer acto de presencia aunque afortunadamente en poco tiempo desaparece.

Estany de Sant Maurici
El panorama cambia completamente. De la oscuridad más absoluta pasamos a la luz de un día magnífico. Por la noche las sensaciones han sido muy intensas y las horas han pasado despacio. Ahora entramos en otra dimensión. El calor empieza a apretar y las horas pasan rápido. Somos conscientes de que el día se nos va a echar encima y no tenemos claro que a las siete de la tarde estemos en el refugio. Yo, ingenuo de mí, pensé en algún momento que en nueve horas podríamos completar lo que nos quedaba de travesía. Nuestro ritmo es muy lento y en cada tramo nuestros tiempos son sensiblemente peores de lo previsible. Aún así, no tenemos dudas. Seguimos para adelante y entramos en una especie de modo automático. No nos quejamos de las subidas y hacemos las bajadas lo mejor posible. El camino en esta segunda parte es algo más cómodo. A veces, cuando me encuentro con alguna pedrera, maldigo al terreno. Todo es precioso pero es como un paraíso engañoso, como un fruto muy apetecible pero indigesto. Estos pensamientos negativos me invaden y ambos sabemos que nos toca sufrir y callar. Nada nos va a hacer parar.

Foto 2016. Els Encantats desde Mallafré.
Durante la noche, al poco de iniciar el descenso desde la Colladeta de Delliu se me ha rajado una zapatilla, al engancharse el pie en un piedra o raiz. No le digo nada a Antonio para no preocuparle pero yo sí que estoy preocupado. Creo que aguantará, el problema es que se me vuelva a enganchar el pié y la raja se acabe haciendo gigante. Evidentemente que así fué y a ratos se me sale el pie fuera de la zapatilla.Ya no se lo puedo ocultar a Antonio y le explico el problema.

Bueno, desde l´Estany de Sant Maurici subimos por la pista al Refugio de Amitges (2380 m). Seguimos hasta el Port de la Ratera (2594 m) y bajamos hasta el de Saboredo (2305 m). Estamos más centrados en no desesperarnos que en disfutar de los magníficos paisajes. En mi cabeza hay dos cosas: que aguante la zapatilla y desde Saboredo poder comunicarnos con La Restanca para comunicar que llegaremos, a lo mejor un poco tarde, pero lo haremos. Incluso en el Port de la Ratera le comento a Antonio la posibilidad de seguir directos para Colomers y ahorrarnos un tramo. Yo mismo le respondo al instante que ni hablar, la vamos a acabar. Como decía, la noche ha pasado despacio y el día muy deprisa, lo cual se refleja en esta crónica. Llegamos a Saboredo. Pedimos dos Coca-Colas y comemos. Le pregunto a la guarda si puede llamar a La Restanca para explicar nuestra situación ya que no hay cobertura para los teléfonos móviles. Me dice que sí. Sus ojos se plantan en mi zapatilla rota. Se brinda a dejarme un poco de cinta americana para hacer un apaño. Ante mi poca traza no duda en hacerlo ella misma metiendo sus manos en mis zapatillas sudadas. El otro guarda nos explica que este territorio de granito es un devora zapatillas de trail. Sé que tiene razón pero pienso que no podemos hacer una travesía de tantas horas con botas de montaña. Agradecidos por la atención nos despedimos. Deben de ser sobre las 13 horas, no lo sé con exactitud.

Saboredo
De nuevo hay que subir, en esta ocasión hasta  el Cöth de Sendrosa (2451 m). La subida no es muy larga pero a estas alturas todos los tramos se nos atraviesan un poco. Coronamos el collado y afrontamos la bajada hasta Colomers (2138 m). Arriba, le comento a Antonio que ya solo nos queda una subida más, a parte de esta bajada y la última hasta La Restanca. No muestra mucho entusiasmo, no le gusta la bajada a Colomers y eso que creo que él va mejor que yo. Bajamos despacio pero es verdad que el descenso se nos hace desesperadamente largo, sobretodo la última parte, ya abajo. Por fín llegamos y nos paramos cinco minutos a comer un plátano, beber y cargar de nuevo los botes. Son las 15:15 horas. Ya llevamos veinticinco horas.

Port de Caldes
Subimos bien hasta el Port de Caldes o de Colomers (2568 m). Nos queda un "regalito". Hay que bajar hasta el Estany de Port de Caldes y volver a subir hasta el Port de Rius (2475 m). No nos importa. El camino va llegando a su final y nuestro estado de ánimo va mejorando. Por aquí habíamos pasado el día anterior, hace muchas horas. Nos queda la bajada hasta La Restanca. Como no podía ser de otra manera, ésta se nos hace larga. Por fin vemos el refugio. Llegamos a las 19:05 y nos damos un abrazo. Han sido muchas sensaciones y mediante este gesto empatizamos con el sufrimiento de tantas horas. Nos agradecemos el hecho de que el uno sin el otro no hubieramos realizado este proyecto.

Llegando de nuevo a La Restanca
Entramos en el refugio. Nos apetece una ducha pero es la hora de la cena. Así que prácticamente sudando nos sentamos en la mesa. Nos querían colocar en una mesa con otras cuatro personas, pero yo comento que problablemente no seamos una compañía muy agradable debido a nuestros olores corporales. Nos ponen en una mesa los dos solos. Durante la cena, el guarda del refugio viene a vernos, se interesa por nuestra aventura y nos felicita. Después de cenar, con poca hambre la verdad, nos damos por fín una buena ducha. Estamos un rato en el refugio pero antes de las 21:30 nos vamos a la habitación. Tumbados en nuestra litera vamos hablando. A mitad de la conversación tengo una desconexión total y casi a media frase me quedo profundamente dormido. A las 6:45 nos volvemos a levantar.

Desayunamos, preparamos la mochila e iniciamos el descenso hasta el parquing donde está el coche. Nos acompaña una pareja de jóvenes israelíes que nos piden si les podemos llevar hasta Viella. Durante las cuatro horas de coche vamos rememorando todos esos momentos vividos, con especial atención a la noche. Nos quedamos con todas esas sensaciones nocturnas, las convesaciones en Estany Llong y Mallafré, la atención recibida en Saboredo y sobretodo nuestra actitud en los momentos difíciles para poder finalizar este reto.

Estany de La Restanca
Agradezo a Antonio su paciencia. Estoy seguro que él hubiera ido un poco más rápido y podría haber acabado en unas dos horas menos. Nos conocemos desde la infancia y mantuvimos una relación muy intensa durante la adolescencia hasta la época del servicio militar. Luego nuestras vidas cogieron caminos distintos. Ahora, con 55 años, nuestros caminos se vuelven a encontrar. En nuestra infancia nunca pudimos imaginar que cuarenta y cinco años después estaríamos juntos subiendo y bajando montañas. Lo bueno que tienen las amistades de la adolescencia es que no hace falta que hablemos para saber como estamos ni tenemos la necesidad de aparentar aquello que no somos.

Así acabó la zapatilla

Entre Ventosa y Contraix


Eso sí. Ya lo hemos hecho y sinceramente no creo que lo vuelva a repetir. ¿Nos gusta sufrir? No lo sé, pero ahora mismo no cambiaría por nada del mundo el haber vivido esta experiencia.




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