miércoles, 15 de agosto de 2018

3-4-5/7/2018 Ordesa con el Quique

Tenía ilusión por llevar a mi nieto al Valle de Ordesa. Como estaba de vacaciones y Mayte aún trabajaba decidí aprovechar el momento. Mis dudas eran sobre todo para el viaje. Son cuatro horas de coche con bastantes curvas en el tramo final y el niño se marea. Decidí finalmente salir muy temprano para ver si podía dormir en el coche el maximo tiempo posibe.

A las tres de la mañana del martes salíamos de Terrassa. El niño se había tomado una biodramina y durmió bastante rato. El ultimo tramo lo pasó despierto pero no se mareó. Pasadas las 7 de la mañana llegamos a Torla y directamente cogimos el autobús hacia la Pradera de Ordesa. Entre unas cosas y otras empezamos a caminar sobre las nueve de la mañana.

Subiendo por la Senda de los Cazadores


El primer día la idea era subir hasta la Cola de Caballo. Lo hicimos por la Senda de los Cazadores para hacer un recorrido circular bajando por las Gradas de Soaso. Al iniciar la subida hay indicaciones de "senda muy peligrosa". Imagino que el peligro está que al ser una subida bastante vertical en zig zag es fácil que caigan piedras. Al Quique se le hizo dura la subida (de hecho lo es) ya que son 600 m. de desnivel entre bosques con fuerte ascensión. 

Mirador de Calcilarruego


Tuvimos nuestra recompensa al llegar al Mirador de Calcillarruego, un lugar estupendo con unas vistas espectaculares. Desde aqui a la Cola de Caballo todo es llano y bajada. Seguimos la Faja de Pelai hasta el Refugio de Abé y desde aquí el camino cada vez se va acercando más al Circo de Soaso con vistas maravillosas de las Tres Sororas. 

Desde aquí se aprecia la Brecha de Rolando


Una vez llegamos a la Cola de Caballo al Quique se le pasó el cansancio ya que el ver tanta agua por allí le estimulaba mucho. Comimos y al rato iniciamos el descenso por el camino normal pasando por las Gradas de Soaso. Muchos grupos de personas subían cuando nosotros ya bajábamos.

La Cola de Caballo
Circo de Soaso
Las famosas Gradas de Soaso

Cascadas en el camino de bajada

No recuerdo la hora exactamente, diría que llegamos a la Pradera sobre las tres de la tarde. Cogimos el bus de vuelta a Torla y aquí tomamos el coche. El destino era acampar en Bujauelo.



Al día siguiente el plan era subir al Ibón de Bernatuara. Desde San Nicolás de Bujaruelo hay mil metros de desnivel. Tenía dudas, quizás era demasiado para un niño de siete años. Si se agobia mucho nos bajamos, pensé. 

Salimos a las nueve de la mañana y fuimos subiendo. Al principio entre bosques pero al dejar el camino del Puerto de Bujaruelo y pasar un puente que cruza las aguas que bajan pasamos por una preciosa zona de prados con una mezcla de verde y amarillo que es un regalo para los sentidos.

Prados de subida al Ibón


Luego seguimos subiendo, cruzamos un par de veces las aguas que bajan de las cimas y encaramos la parte final. Es este un tramo duro, con fuerte desnivel, mucha piedra suelta y muchos caminos que acaban todos en el mismo lugar pero que te hacen avanzar con dudas. El Quique aquí se enfada y tenemos una conversación. Finalmente pactamos seguir un rato más a ver si el camino cambia. Pasamos un nevero y cambiamos de dirección. Ahora el camino es llano y las vistas sobre El Taillón y Los Gavietos son espectaculares. 

El Taillón


Al poco llegamos al Ibón de Bernatuara en medio de un fuerte viento que al Quique parece divertirle mucho. El lugar es estupendo pero no es muy agradable estar allí por el viento y además muchas nubes negras se acercan y no quiero arriesgarme a que nos pille una tormenta. Así que comemos algo y bajamos por el mismo camino hasta Bujaruelo sin ningún contratiempo. Tardamos en total unas seis horas.

Ibón de Bernatuara



Aprovechamos para darnos un baño bajo el puente románico. El agua está helada y solo soy capaz de remojarme. Allí pasamos la tarde, yo tirado en el césped y de vez en cuando remojándome y el Quique jugando en el agua. Vemos como los excursionistas van llegando, acalorados y cansados a la destinación de esa noche. Una expresión de felicidad y satisfacción se refleja en sus rostros. También de alivio por poder descansar hasta el día siguiente.

Puente románico


Esa noche cenamos en el bar. Mientras nos servían estaba empezando a llover. La persona del bar anunció a todo el mundo que quien tuviera toldos abiertos o mobiliario de cámping que lo recogiera porque la lluvia suele venir acompañada de un viento intenso. Demasiado tarde. Al ir hacia la tienda la mesa había salido volando y había golpeado ésta rompiendo la varilla del pequeño avance y perforando el sobretoldo. Improviso una solución para esa noche pero la tienda ha quedado maltrecha. Dormimos con la tienda rozando nuestra cara con cada envite del viento que acabó cesando ya bien avanzada la noche. El Quique se lo pasó a lo grande ante esta eventualidad.

Camping y refugio de Bujaruelo


El día siguiente el plan era no hacer nada. Desmontar la tienda, recoger y hacer al vago todo el día por allí. Finalmente, a las cuatro de la tarde, y ya aburridos de no hacer nada decidimos volver. El Quique se toma otra biodramina y en cuatro horas estábamos en Terrassa sin ningún otro contratiempo aparte del calor.

Me siento my orgulloso de mi nieto, El no es consciente pero espero que cuando sea más mayor sepa valorar esta salida.


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